Estados Unidos sacude la gobernanza marítima mundial mientras China afianza su poder en la OMI

En los pasillos de la sede de la Organización Marítima Internacional (OMI) en Londres ya nadie disimula que el elefante en la habitación se llama Estados Unidos.

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El secretario general del organismo, Arsenio Domínguez, compareció este jueves ante la prensa para desgranar las prioridades de trabajo de 2026, pero la rueda de prensa acabó girando, casi en exclusiva, en torno al mismo asunto: el creciente pulso de Washington al sistema multilateral.

Domínguez, siempre con media sonrisa de diplomático curtido, empezó reconociendo que el clima internacional se ha vuelto más turbio. “Estamos viendo factores de inestabilidad global, como las recientes incautaciones de buques en el Caribe”, deslizó. No tardó en llegar la pregunta directa al mentón: ¿siguen vigentes los convenios internacionales cuando Estados Unidos intercepta petroleros en alta mar? La respuesta fue tan prudente como inequívoca: las reglas están para cumplirse.

El ambiente se tensó aún más cuando un periodista recordó que el presidente Donald Trump acaba de firmar un memorando ordenando la retirada de Estados Unidos de 66 organizaciones internacionales. La pregunta cayó como una losa: “¿Le preocupa que Washington abandone también la OMI?”. Domínguez intentó quitar hierro al asunto. Dijo que, por ahora, no le quita el sueño. Pero cuando se le insistió sobre si Estados Unidos ha dejado caer esa posibilidad, tiró de manual diplomático: “No puedo contar todas mis conversaciones… y no he hablado con nadie sobre una salida”.

El telón de fondo de todo este rifirrafe es el gran elefante climático. La OMI quiere aprobar un marco para que el transporte marítimo alcance las cero emisiones netas en 2050, pero el plan quedó encallado el pasado octubre por la fuerte división entre los Estados miembros. Y ahí, según varias fuentes, Estados Unidos está liderando el bando del no. De hecho, el Departamento de Estado llegó a advertir en su web que intentaría arrastrar a otros países a su posición y que, si fracasaba, no descartaba “medidas de represalia”. Traducido del diplomático: presión y más presión.

Las preguntas fueron una detrás de otra. ¿Es cierto que Estados Unidos ha amenazado con sanciones a funcionarios de otros países durante las negociaciones? ¿Ha recibido quejas formales? Domínguez aseguró que no, pero admitió que su tarea ahora mismo es “mantener abiertas las vías de diálogo”. Algo así como hacer encaje de bolillos en medio del temporal.

La escena dejó una imagen bastante clara: por un lado, una superpotencia tensando las costuras del sistema multilateral; por otro, una organización internacional intentando, a duras penas, que el barco no se vaya contra las rocas.

Y hablando de barcos: al salir de la sede de la OMI, el visitante vuelve a pasar junto a la escultura de bronce de la entrada principal. En la proa de un gran navío, un marinero otea el horizonte. La metáfora es casi demasiado evidente. La nave de la gobernanza marítima global avanza con dificultad, cabecea entre olas cada vez más altas, pero —al menos de momento— sigue a flote y sigue adelante.

En este contexto de aguas revueltas, China ha aprovechado para consolidar su posición en la Organización Marítima Internacional. El pasado 4 de diciembre de 2025, durante la 34ª Asamblea de la OMI, el organismo estrenó nueva identidad visual y nuevo logotipo, un gesto simbólico con el que quiere reivindicar sus más de 77 años de historia y su voluntad de adaptarse a los retos del siglo XXI.

Ese mismo día, Pekín fue elegido con la mayor cantidad de votos como miembro del Consejo en la categoría A —la reservada a las grandes potencias marítimas—, revalidando el puesto por decimonovena vez consecutiva. De los 169 países con derecho a voto, China obtuvo 155 apoyos, una cifra que dice mucho sobre su peso en las cadenas logísticas globales. Junto a ella fueron elegidos Italia, Corea del Sur, Reino Unido, Grecia, Japón, Panamá, Estados Unidos, Noruega y Liberia.

Según las normas de la OMI, el Consejo lo forman 40 países: 10 grandes potencias navieras (categoría A), 10 grandes potencias del comercio marítimo (categoría B) y 20 Estados representativos de las principales regiones del mundo (categoría C).

Poco después, se inauguró oficialmente la Representación Permanente de China ante la OMI en la embajada china en Londres. Allí, el propio Domínguez reconoció en una entrevista que China es hoy una superpotencia del sector: primer constructor naval del mundo, dueña del mayor sistema portuario global, con grandes navieras y una enorme capacidad para suministrar marinos al mercado internacional. “China desempeña un papel muy importante en la cooperación marítima internacional”, resumió.

La Organización Marítima Internacional, agencia especializada de Naciones Unidas en materia de seguridad marítima y prevención de la contaminación marina, cuenta actualmente con 176 Estados miembros y tres miembros asociados. China ocupa su asiento en el organismo desde 1973 y forma parte ininterrumpidamente de su categoría A desde 1989.

Mientras tanto, en Londres, el gran barco de la gobernanza marítima mundial sigue navegando. No sin crujidos. No sin bandazos. Y con un capitán estadounidense que, de cuando en cuando, parece más interesado en remar por libre que en mantener el rumbo común.

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